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sábado, 27 de diciembre de 2014

Tirarnos en la selva no nos convertirá en Tarzán.

Olvidamos como movernos cada vez a edades más tempranas producto de una cultura desvinculada del movimiento.

Ya no se trata de adultos que han dejado de moverse al abandonar la escuela, se trata de jóvenes que dejan de moverse en los primeros años de vida.

Cuando hablo de "movimiento" me refiero a utilizar los patrones primitivos y básicos del ser humano, y no a las versiones reduccionistamente espásticas que nos permiten desempeñarnos en el día a día de esta sociedad postmoderna.

Hoy por hoy, tanto individuos activos como inactivos comparten los mismos déficit, las mismas debilidades.

La "disfunción" se ha convertido en la epidemia gestada por la hipokinesis, ya que incluso muchos atletas contemporáneos son a priori, sedentarios.

Nuestra misión como entrenadores se ha convertido en "devolver la función" para recién después poder prescribir entrenamiento, entendido como una actividad planificada cuyo objetivo es producir un resultado predecible en un plazo determinado.

Nuestro proceso evolutivo nos ha conducido a esta situación en que nos encontramos alejados de nuestra propia naturaleza. Volver a ella no es tarea fácil, demanda un trabajo de "reingeniería". Construir un camino de regreso a lo que nuestra cultura nos ha quitado, requiere un proceso inteligente.

Ya sea que el objetivo sea el rendimiento deportivo o la calidad de vida, respondemos a los mismos principios, tenemos necesidades basales indénticas. Recién alcanzadas estas, podemos pensar en diferenciar la orientación.

Por todo esto no es sensato estandarizar entrenamientos o actividades físicas.

Tirarnos en la selva no nos convertirá en Tarzán.




Ariel Couceiro González
ENTRENAMIENTO INTELIGENTE

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