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miércoles, 31 de octubre de 2012

Masa ósea, tejido muscular y entrenamiento de la fuerza. La sociedad perfecta.


(Jorge Roig. 2012)

Seguramente estaremos de acuerdo en que una de las partes más desatendidas del cuerpo humano es el sistema esquelético. Pareciera ser que los problemas de este se limitan, en las edades tempranas de la vida, a meras cuestiones del foro ortopédico o, a lo sumo, traumatológico, y que solo cuando nos volvemos viejos, y especialmente en las mujeres, surgen ciertas preocupaciones sobre las consecuencias que eventualmente podría acarrear la disminución de tejido óseo bajo la forma de osteopenia u osteoporosis.

Mucho énfasis (e incorrectamente planteado, resalto) se pone en el consumo de calcio, pero prácticamente se desmerece la adecuada actividad física que debería estar asociada a ello. Y esto se ve plenamente olvidado, incomprensiblemente, ya en las edades pediátricas, máxime conociéndose al presente que la masa ósea que se adquiera en las dos primeras décadas de la vida será la protección crítica contra las fracturas osteoporóticas que eventualmente puedan acontecer al final del ciclo. Se sabe así, por caso, que el momento fundamental para accionar sobre el depósito cálcico que garantice una suerte de “banco de hueso” está justamente entre las etapas pre y post puberales, lo que podría estimarse en el caso de las niñas entre los 10 y los 15 años de edad (Bonjour JP, Theintz G, Buchs B, Slosman B, Rizzoli R. Critical years and stages of puberty for spinal and femoral bone mass accumulation during adolescence).

Es interesante considerar que en los últimos años varios investigadores han puesto de manifiesto la fuerte relación que existe entre la masa muscular y los huesos, algo que no solo se evidenció en los deportistas, también en las niñas prepúberes (Bass S, Pearce G, Bradney M, et al. Exercise before puberty may confer residual benefits in bone density in adulthood: studies in active prepubertal and retired female gymnasts. J Bone Miner Res 1998;13:500–7). Pero además, y lo que resulta fuertemente preocupante, es que se ha comprobado que el desuso muscular genera no solo involución de este tejido en cuestión (sarcopenia) sino también de la masa ósea (osteopenia) ya en las etapas de crecimiento.

Como si no fueran suficientes las comprobaciones concretadas en cuanto a los vínculos existentes entre el tejido muscular y el esqueleto, algo para destacar también es que la correlación entre la masa ósea y la muscular no solo se ha establecido con el volumen de este último tejido, también con la fuerza. Esto es, a más fuerza, más hueso, así de simple y de cierto.

En otro orden, se ha visto que la carga mecánica de suficiente intensidad está íntimamente asociada al crecimiento óseo y que ella ejerce estos beneficios en el sitio efectivamente “cargado”. Y en este aspecto, interesantemente se ha visto que los levantadores de potencia y weight lifting aumentan tanto el contenido mineral óseo como la densidad de los huesos en la totalidad del esqueleto y no ya solo localmente (Karlsson MK, Johnell O, Obrant KJ. Is bone mineral density advantage maintained long-term in previous weight lifters? Calcif Tissue Int 1995;57:325–8.). Incluso se ha verificado que en aquellos niños que se ejercitan con entrenamientos de peso comenzando a los 12 años, los mismos evidenciaron una ganancia en la densidad mineral ósea lumbar, la que no se vio afectada significativamente por la ingesta de calcio (Welten DC, Kemper HCG, Post GB, et al. Weight-bearing activity during youth is a more important factor for peak bone mass than calcium intake. J Bone Miner Res 1994;9:1089–96.).

Este ultimo aspecto, es sumamente interesante para la consideración porque pondría en observación dos cosas altamente significativas: 1) el consumo de calcio no afecta positivamente el depósito de hueso en las edades tempranas de la vida y 2) los entrenamientos de fuerza sí garantizan el incremento en la densidad mineral ósea cuando se comienzan con este tipo de ejercicios en las edades pediátricas.

Para reflexionar…..

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