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viernes, 19 de octubre de 2012

Envejecimiento, disfunción mitocondrial y reversión del proceso por entrenamiento de la fuerza. (Jorge Roig. 2012)



Bien conocido es que el envejecimiento está asociado a la pérdida de fuerza y de tejido muscular, algo que ha dado en llamarse dinapenia y sarcopenia, respectivamente. Este fenómeno de atrofia de los músculos a su vez también se observa desde su capacidad funcional, como es de esperar. Y en esta última situación hay compromiso de ciertas estructuras de la fibra como responsables primarias.
Numerosas líneas de investigación se muestran día a día buscando las causas que bien puedan explicar el deterioro orgánico y funcional que se instala a lo largo de la vida, desde la adultez hacia las etapas finales del ciclo vital. En este aspecto, si bien las razones no pueden definirse como unicausales, cada vez son más los investigadores que se alinean detrás del denominado proceso de disfunción mitocondrial. Lo que se sabe al respecto, es que alteraciones tanto del ADN mitocondrial (ADNm) como del ARN mitocondrial (ARNm) se instalan por distintas causas, lo que implicaría dañar seriamente la funcionalidad de esta organela así como la producción de proteínas fundamentales que están garantizadas gracias a su buen funcionamiento. Y si algo sumaba al desconcierto y asombro, es que esto también podía observarse incluso en sujetos jóvenes sanos.
En una investigación reciente concretada por Simon Melov y cols. (Melov S, Tarnopolsky MA, Beckman K, Felkey K, Hubbard A (2007) Resistance Exercise Reverses Aging in Human Skeletal Muscle, se afirma que algunos factores implicados en la disminución funcional del músculo incluyen la muerte celular programada, el estrés oxidativo, alteraciones en el recambio de proteínas, la inflamación, la desregulación hormonal, el desuso, y la disfunción mitocondrial. Y lo realmente relevante que del respectivo trabajo se destaca es que los entrenamientos de fuerza son capaces de revertir este proceso de deterioro mitocondrial en su funcionamiento. Y ello incluso visto en sujeto que transitan la 9º década de la vida (>80 años).
En otro artículo publicado también hace unos pocos años (Parise G, Brose AN, Tarnopolsky MA (2005) Resistance exercise training decreases oxidative damage to DNA and increases cytochrome oxidase activity in older adults), se vuelve a afirmar que el entrenamiento de fuerza puede aumentar el funcionamiento mitocondrial, revirtiendo varios de los procesos degenerativos que se instalan en situaciones como la vejez e incluso ante ciertas patologías en edades más tempranas. Según se afirma en este punto, el entrenamiento de fuerza actuaría a nivel mitocondrial reduciendo los marcadores de estrés oxidativo, potenciando la formación de Óxido Nítrico (NO) y aumentado ciertas enzimas reconocidas por su fuerte poder antioxidante. Pero también se ha documentado incluso, que estas formas de entrenamiento logran revertir alteraciones que acontecen por envejecimiento en el ARNm responsable de la cadena de miosina pesada (Short KR, Vittone JL, Bigelow ML, Proctor DN, Coenen-Schimke JM, et al. (2005) Changes in myosin heavy chain mRNA and protein expression in human skeletal muscle with age and endurance exercise training).
Resumiendo entonces, se afirma que los adultos mayores sanos evidencian un perfil de expresión génica en el músculo esquelético consistente con la disfunción mitocondrial y procesos asociados, tales como la muerte celular, en comparación con individuos jóvenes. Pero alentadoramente, por otra parte, se ha verificado que después de un período de entrenamiento de ejercicios de fuerza en los adultos mayores se observan cambios transcripcionales en sentido contrario, lo que implica una restauración de un perfil de expresión propio de las edades juveniles, solo que en sujetos de edad muy avanzada.
Como tantas veces lo he venido señalando, finalmente, el abordaje serio del entrenamiento de la fuerza es una necesidad que merece ser considerada urgentemente por quienes estamos vinculados tanto al entrenamiento deportivo como a la salud de quienes nos procuran. Y esto no lo afirmo hoy desde el gusto por determinada forma de ejercitación corporal, muy por el contrario. Lo manifiesto por la imperiosa necesidad de no perder el tiempo en la generación de mayor deterioro con métodos poco felices vendidos especialmente por la medicina y afines como lo son las formas aeróbicas de trabajo con poblaciones que reclaman músculo. Porque valga destacar acá, si existe una actividad para la que nuestros viejos no están debidamente protegidos es para la aeróbica, porque esta se caracteriza por la formación de enorme cantidad de radicales libres responsables, prima facie, del estrés oxidativo que conduce al daño y disfunción mitocondrial. Y sobre los antioxidantes biológicos que nos protegen de esto durante nuestra juventud, destaco,los perdemos por envejecimiento.

Para reflexionar….

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