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martes, 4 de septiembre de 2012

Los niños con obesidad. Por qué debe ponerse énfasis en el entrenamiento de la fuerza?. Jorge Roig






Sabemos que en la actualidad el número de niños con obesidad está aumentando drásticamente. En general hay consenso en que las causas están bastante asociadas al modelo actual de alimentación y a la falta de actividad física o, al menos, al potenciado sedentarismo si a este lo evaluamos a lo largo de una semana y lo comparamos con la cantidad de ejercicio físico que las crianzas hacen en el mismo período de tiempo. En general, mucho se habla sobre el exceso de grasa corporal y ciertos problemas de salud, principalmente los vinculados al sistema cardiocirculatorio y a otros de tipo metabólico. Podríamos decir que, en general, la sociedad está bastante informada al respecto sobre ello, lo que de todos modos no se compadece con las medidas adecuadas para contrarrestar esta cada vez más preocupante problemática que nos puede presentar en un futuro próximo a una sociedad con los más variados problemas de salud desde edades muy tempranas de la vida.

Si bien es cierto que los problemas más conocidos que relacionan a la obesidad con los orgánicos son aquellos que afectan al sistema cardiocirculatorio, así como a otros que comprometen principalmente al metabolismo de las grasas y ciertas hormonas vinculadas a él, poco o nada se habla de otra parte muy importante del cuerpo de quienes atraviesas edades pediátricas que pueden estar seriamente afectadas: los huesos. Se sabe que tanto en niños como en adolescentes hay una buena correlación entre el peso corporal y la masa ósea. Sin embargo esta correlación se ve seriamente afectada en la etapa infantil. Así se ha reportado que los niños obesos pueden presentar con bastante frecuencia un contenido mineral óseo menor cuando son comparados con los delgados. Al respecto, incluso se ha observado que aquellos adultos obesos que se someten a una dieta de restricción calórica para enmagrecer pierden tanto la masa ósea total como la densidad mineral ósea (algo así como la concentración de minerales-calcio, magnesio por porción de hueso evaluado medida en g/cm2).

Es interesante comentar aquí que diferentes estudios en los cuales las crianzas fueron sometidas a entrenamientos de fuerza debidamente controlados y adecuados a edad y posibilidades, no solo fue observado un descenso de la masa adiposa sino también un incremento de la masa muscular y la fuerza. Esto último es a todas luces significativo porque se conoce perfectamente sobre la alta correlación positiva que existe entre el incremento de esta última capacidad física, la fuerza, y el aumento de la densidad mineral ósea. En general los programas dirigidos a mejorar la fuerza y con ello la densidad mineral ósea en las edades pediátricas contemplan, al menos, tres sesiones semanales con 30 minutos de entrenamiento específico de la fuerza, al cual se le agrega un trabajo aeróbico al inicio a manera de acondicionamiento general de una duración aproximada de 10 minutos, y otro al final de la sesión con un objetivo recuperador, de un tiempo total de 5-7 minutos.

La forma que adquiere este tipo de entrenamiento de la fuerza para estas edades se sugiere sea la de trabajos en circuito, con aproximadamente 8-10 estaciones. Se aconseja especialmente que todos los trabajos de fuerza sean acá del tipo de los denominados entrenamientos funcionales, en los cuales se integran varios gestos en un mismo ejercicio y se los ejecuta en los distintos planos espaciales. Es decir, no entrenar los músculos aisladamente sino integrando varios de ellos simultáneamente. Y para este tipo de ejrcitaciones, los pesos a desplazar deberán ser leves a moderados, con lo que se puede garantizar un número elevado de repeticiones, algo que finalmente redundará en un incrementado gasto calórico y un permanente ejercicio de la coordinación inter e intramuscular.

El efecto final será, según muestran diversos estudios científicos, la pérdida de masa grasa y la ganancia de tejido óseo. Finalmente y no de menor importancia, casi diría aun más que el efecto final orgánico por las implicancias que tendrá en la adherencia al ejercicio, es el impacto que este modelo de ejercitación tendrá sobre la autoestima. En este sentido, un niño obeso es frecuente y "agresivamente" colocado frente a sus limitaciones cuando de realizar esfuerzos aeróbicos se trata. El transportar su propio peso haciéndolo durante un tiempo relativamente prolongado (desde varios segundos hasta minutos ya puede ser una violencia suficiente para la esfera emocional frente a sus pares), es un desafío que lo obliga a verse frente al espejo indeseado que lo compara con los delgados. El resultado final se conoce. Abandono precoz de la ejercitación y no pocas veces, el distaciamiento perpétuo de las prácticas de ejercicio físico.

Para reflexionar.

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